Cuando es momento de comenzar un análisis.

Poder ver cuándo es momento de comenzar un análisis, es empezar a ser partícipes de nuestro cuidado.

Hay veces que la vida nos pega sacudones fuertes, la tristeza se instala en nosotros y la soledad parece ser la única compañera posible. Una separación, la pérdida de un ser querido u otro acontecimiento traumático, es un momento delicado en que el apoyo de una psicoanalista puede servirnos a sobrellevar la situación de una manera adecuada. Pero en el día a día tenemos que enfrentarnos a muchas dificultades y la angustia también puede sorprendernos en el desayuno, en la cola del supermercado o detenidos en un semáforo. Hay ocasiones en que comprender qué es lo que nos angustia, no es tan fácil.

¿Llamar a la psicoanalista en momentos de crisis?

El momento adecuado de comenzar un análisis no tiene por qué ser el advenimiento de la angustia. A veces modificar ciertos hábitos que hacen daño, o poder descansar por las noches, o dejar de fumar, puede ser más difícil de lo que parece. Una relación afectiva puede hacernos mucho daño, de forma sutil, durante mucho tiempo. Además las exigencias del mercado laboral no ayudan mucho; hoy hay que ser eficiente, rápido, simpática, eficaz, exitoso, y feliz, siempre feliz. Lo que es una orden, difícilmente será saboreado como una opción.

El momento de relativizar las excusas y comenzar un análisis.

A veces se tiene la creencia que hacer terapia es un indicador de que la persona está enferma, que es demasiado débil o que es una práctica exclusiva para quienes tienen mucho dinero y mucho tiempo libre. Lo cierto es que el momento de comenzar un análisis es cuando le damos voz a la valentía de querer averiguar qué nos ocurre, como personas únicas que somos. Cuando no nos conformamos con fórmulas mágicas ni recetas universales y escuchamos la singularidad que conforma nuestra historia. Si buscamos excusas para no afrontar los aspectos de nosotros mismos que nos angustian, nos generan contradicciones o simplemente nos resultan desagradables, podemos fácilmente refugiarnos en argumentos como; no estoy tan mal, puedo resolverlo hablando con un amigo, yo siempre seré así, o postergarlo con; un cambio de look, un viaje, o una noche de juerga. Existen infinidad de prácticas más o menos efectivas, para lograr eso; postergarlo.

El trabajo de arqueólogo.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, reflexionó mucho sobre la técnica de investigar e interpretar las huellas de la historia personal en el inconsciente. Y en relación a esta práctica, comparó el trabajo del psicoanalista con el del arqueólogo, de hecho fue un gran apasionado de esta disciplina contemporánea. Tanto en la arqueología como en el psicoanálisis, la tarea consiste en descubrir, sacar a la luz los entresijos de aquello que hasta entonces se hallaba bajo la superficie. Allí todo comienza.

Para incursionar de forma introductoria en conceptos psicoanalíticos, recomiendo el Diccionario de Psicoanálisis de Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis.

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