Entrevista a Miguel Missé: diversidad sexual y género trans.

La diversidad sexual y de género, son fuente de cuestionamientos que afectan a muchas personas en algún momento de su vida, además de constituir un debate social de enorme actualidad. Sobre ello dialogamos con el sociólogo y activista trans Miguel Missé (Barcelona, 1986), quien en la última década ha ganado su lugar como referente social con su defensa de una cultura trans crítica y plural. Trabaja activamente en diferentes proyectos del campo de la diversidad sexual y de género, la pedagogía y las políticas públicas.

¿Ser trans es una identificación sexual en sí misma?

Ser trans es una identificación y así mismo eso es un debate para mucha gente. Porque hay gente que no se explica a sí misma el proceso como algo con lo que se identificó, si no como algo que uno es en esencia, es decir, es un hombre o una mujer y lo que está mal es el cuerpo digamos, pero no es que uno se identifique en el sentido de hacer el proceso de aproximarse a otra identidad, si no que eso es lo que uno ha sido siempre. Ese es uno de los debates en la comunidad trans. Por otro lado, el término sexual es confuso porque no sabemos si hace referencia al cuerpo o a la sexualidad. Yo diría que es una identificación de genero, en cualquier caso, para mí tiene que ver con una identificación.

¿Entonces sería algo que se construye o podemos decir que se nace con un género determinado?

Para mí es algo que se construye. Además es interesante porque; ¿la gente se identifica como trans o se identifica como un hombre o como una mujer y fruto de que no nacieron en esos cuerpos eso les convierte en personas trans? Mi primera identificación, por ejemplo, no fue con la comunidad trans si no con los hombres, trans es algo que aprendí después. Hoy en día quizás me identifico más con los hombres trans que con aquellos que no lo son. Dada la emergencia de la cuestión trans, actualmente hay mucha gente que sí se identifica con la cuestión trans en un primer término, como un lugar más híbrido, más fluido o menos encorsetado en una lógica binaria, pero creo que convive la gente que se identifica con lo trans con la que se identifica con su género opuesto, no sé si me explico. Para mí las identidades de género se construyen tanto para las personas trans, como para las que no lo son. No creo que haya una esencia en relación al sentimiento.

Puede ser que la gente tenga inclinaciones hacia comportamientos o aficiones, no sé si naturales o no, que se forjan en alguna etapa de la vida más iniciática y lamentablemente en nuestra sociedad, esos comportamientos están muy encasillados en solo dos cuerpos y dos identidades posibles. Así que, si bien creo que la identidad es algo que claramente se ha construido y es un concepto que atribuimos a unos comportamientos asignados como hombre o mujer, no sé si me importaría mucho saber si esos comportamientos son genuinos, o incluso de nacimiento, si es que es un debate imposible!
Pero yo no soy un abolicionista del género. Creo que la gente tiene que poder expresarse con la mayor libertad posible y que eso no la condene a tener que tomar decisiones vitales para poder vivir como quiere. Ojalá un niño que sea muy femenino, pudiera vivir como un niño muy femenino y no tuviera que vivir en una sociedad que le diga que para poder vivir esa forma de feminidad la única posibilidad es ser una niña. Ese para mí es el foco del problema que se da en la infancia pero en la adultez también. Creo que tenemos unas categorías muy rígidas para pensar el género.

¿El recorrido hacia la construcción de una identidad de género, es sociológico y luego individual?

No sé si se puede discernir. Creo que la forma de pensarnos a nosotros/as mismos/as, está tan impregnada de un discurso sobre el género, tan binario y tan rígido, que no sé si uno puede hacer eso en dos pasos. Pensar cómo sería yo si pudiera vivir en una sociedad más libre y cómo me siento en ésta, creo que es una cosa que se da a la vez, no hay una mirada individual que esté exenta de un imaginario tan potente sobre el género. Otra cosa es que uno luego pueda tener fantasías de que quizás en un contexto menos rígido, podría vivir de una forma más abierta, pero eso es una fantasía o una utopía que algunos tenemos. No puedo decir que esta hipótesis mía sea la verdadera pero creo que cuanto menos rigidez, más felicidad.

¿Dónde está la subjetividad en esa construcción en su sentido político?

Es una pregunta difícil. Para mí no pierde valor que una cosa sea fruto de concepciones sociales o mensajes que se han ido incorporando en lo inconsciente, no hace menos real o menos importante tu deseo. A veces, cuando dices que estás construido socialmente, lamentablemente se interpreta que ese impacto, es porque tú no estás siendo muy tú y en una sociedad como la nuestra que prima estos valores del individuo constantemente, el individuo más auténtico sería el que tiene mayor capacidad para prescindir de esos mensajes sociales. Al contrario, creo que esos mensajes sociales son los que nos hacen humanos, nos hacen inteligibles y a la vez nos encorsetan, entonces no existe una subjetividad sin esas constricciones. Tomamos decisiones fruto de esas tensiones políticas. Creo que son dos cosas a la vez; son deseos que configuran nuestra subjetividad y son reales, pero en un abanico de posibilidades que nos han dado muy limitado.

En tu libro A la conquista del cuerpo equivocado (Ed. Egales) analizas la diversidad sexual y de género. Y planteas que la transformación corporal no es el único camino, ni la garantía que dé una salida al malestar psíquico de las personas trans.

Sí. Como primer elemento; yo soy profundamente respetuoso con las elecciones vitales que hace la gente trans. Los itinerarios individuales y cómo la gente encuentre estrategias para sobrevivir en nuestro mundo siendo una persona trans y cómo gestione el malestar con su cuerpo, son actos en los que yo no estoy planteando ni siquiera una discusión.

Pero sí planteo una discusión respecto a los relatos que nos han explicado a las personas trans, y que de alguna forma hemos retroalimentado; como que solucionar el malestar corporal solucionaría nuestro malestar en el mundo, eso no lo tengo tan claro. Es cierto que para mucha gente la modificación corporal, incluso para mí, nos ha ayudado mucho a reconocernos en el grupo de referencia en el que más nos identificamos. Pero una cosa es que a corto plazo, a nivel individual, nos sirva para vivir mejor y otra cosa es que, si lo miramos en una perspectiva más global, lo que genera nuestro malestar tiene que ver con nuestro cuerpo o tiene que ver con un discurso en nuestra cultura sobre el cuerpo. Creo que si vamos al fondo de la cuestión no tiene que ver con el cuerpo, tiene que ver con que nuestros cuerpos parece ser que no son habitables, cuando lo son, son cuerpos sanos pero que parece ser que no son “aptos” para vivir en este mundo. Claro yo creo que ahí hay que lanzar un debate muy profundo.

Si pudiéramos hacernos cargo de que dudar sobre eso no es malo, ni es enfermizo, nos daría menos miedo.

Históricamente la política trans ha abandonado ese campo del debate en torno a la diversidad sexual y de género. Y lo ha abandonado por centrar más su energía en reivindicar el derecho a la modificación corporal. Cosa que puedo entender, pero creo que en nuestro contexto, es muy importante que tengamos un debate muy serio sobre si en el futuro queremos una mayor libertad, una mayor felicidad, las personas trans tenemos que jugarlo todo a la cuestión corporal, yo eso no lo comparto. Entiendo y a mí me ha ayudado, pero son dos cosas a la vez, podemos plantear que la modificación corporal siga existiendo, pero vamos a hacer un camino en otra dirección, a ver qué pasa. Y lo peor que puede pasar es que nos hayamos equivocado y que siga siendo igual de importante. Pero pienso que si lanzáramos nuestros dardos contra los discursos entorno al cuerpo y al género, ganaríamos también en cómo vivimos nuestro cuerpo las personas que hoy en día estamos viviendo esa realidad en este contexto histórico. Una vez más es una hipótesis, quizás me equivoque, pero la diferencia entre mis planteamientos y los de otras personas que intervienen en este debate, es que yo puedo reconocer que son hipótesis quizás equivocadas. A veces me veo en un debate en que alguna gente promete que tiene la verdad y que le cuenta a la gente trans, incluso mucha gente trans, que cuenta que tiene la verdad de la solución al problema. Yo no me atrevería a decir que tengo La solución al problema.

¿Los métodos farmacológicos como la hormonación, ayudan a moldear la identidad sexual?

Es algo que se retroalimenta. No es que uno tenga una identidad de género y después siga un tratamiento médico, si no que el tratamiento médico también construye una nueva forma. Cuando yo empecé mi transición, era muy joven y tenía en mi cabeza una identidad clara, pero es verdad que cuando empecé a cambiar mi cuerpo en esa dirección, aprendí otras cosas sobre mí mismo, sobre la mirada de los demás sobre mí, sobre si estaba cómodo con esa mirada, sobre dónde quería ir yo exactamente, qué tipo de hombre quería ser. Eso tiene que ver con ser más o menos percibido como un hombre, o sea, la modificación corporal por supuesto, matiza. Porque al final estamos hablando a lo bruto de que la gente trans se siente hombre o mujer y yo quiero pensar que hay muchos matices posibles. Hay grados, qué tipo de hombre y qué tipo de mujer y por qué.

Este es un debate, que podría beneficiar mucho incluso a la gente que no vive esas experiencias. Las personas trans hemos tenido que contestar tantas veces a la pregunta de por qué somos hombres o mujeres, que hemos tenido que elaborar mucha reflexión sobre eso. (También nos ha generado mucho daño, tener que poner palabras a lo que es difícil poner en palabras. Aplicar un relato conciente, racional, de quiénes somos, es una exigencia que se nos hace mucho a los trans y que a veces es problemática). Creo que ese ejercicio que hemos tenido que hacer nosotros, sería también enriquecedor que lo hiciera la gente que no es trans, que todo el mundo se lo preguntara; si eres una mujer por ejemplo, porqué eres una mujer, qué te hace ser una mujer.

Como psicoanalista puedo decir, sobre la diversidad sexual y de género, que muchísimas personas se preguntan durante su análisis, qué es ser un hombre, qué es ser una mujer y qué hay en uno mismo de masculino o de femenino. Siempre hay fantasías, sueños y deseos, difíciles de explicar conscientemente.

¡Pero sería super interesante que esos relatos también participaran del debate público sobre la identidad de género y no solo las personas trans!

Sería interesante ver a esos hombres y a esas mujeres que aparentemente son gente segura, dirimir sobre sus dudas. Sería profundamente liberador para mucha gente que tiene dudas y que solo oye el discurso de que “si uno tiene dudas es que tiene que transitar”. ¡Porque no es así! El espacio de la duda es el que hay que alimentar. Por supuesto no es una evidencia ni una obviedad ser un hombre o una mujer. La rigidez tiene que ver con construir un mundo en el que hay gente que está segura y gente que no. Y claro, si duda un poco la gente ya siente ansiedad porque piensan “si dudo debe ser que soy trans” porque parece que todo el mundo lo tiene tan claro. Hay que quebrar esa idea de que todo el mundo lo tiene tan claro. Efectivamente, la gente en su intimidad profunda, o en un análisis, abre esas puertas. Creo que abrir eso, aunque dé miedo o nos haga sentir vulnerables, relajaría mucho las tentativas de transitar, como pensar que vas a un lugar “mejor” porque “los demás no dudan”. A mí me habría relajado saber que todo el mundo duda en algún momento.

¿Qué peso tiene el modelo biologicista en todo este proceso?

Un peso enorme. Aunque a veces los activismos trans críticos intentan desplazarlo del debate. El modelo biologicista se está moviendo muy rápido. Porque está pasando de un modelo patologizador a un modelo esencialista pero que aparentemente apuesta por la diversidad. Es decir, antes te decían “esta gente tiene una enfermedad” y ahora dicen “es una cosa de nacimiento que hay que respetar porque forma parte de la diversidad humana”.  No niego que haya mucha gente progresista sosteniéndolo, pero para mí el marco teórico no está tan lejos; siguen siendo discursos biologicistas. Me parece que no hemos salido del marco en el que esto son esencias y creo que hay que romper ese marco. Sigue jugando un papel muy importante. Porque el discurso biologicista sigue dando grandes seguridades a la gente. Es un discurso de causa-consecuencia (que por cierto luego se refuta a sí mismo y no pasa nada). Pero quienes venimos de las humanidades entre otras disciplinas de pensamiento, estamos más acostumbrados/as a asumir que nuestras propuestas no ofrecen seguridad a todo el mundo.
Lamentablemente, cuando la gente sufre mucho prefiere un argumento científico, a una propuesta más abierta aunque quizás más inestable. Quizás tiene que ver con nuestra cultura. Con preferir certezas que sabemos que son cortoplacistas, por tenerle miedo a la duda. Por no vivir la duda como un espacio de crecimiento si no como una amenaza.

Abogas por no supeditar la identidad social trans al binomio hombre/mujer, incluso marcas la contradicción de ese supuesto éxito social que alcanzan algunos al pasar desapercibidos. Como si la diversidad sexual y de género les pasara por el costado.

La identidad trans en sí misma ya existe. Hay gente que se identifica como hombre o mujer y hay gente que se identifica como persona trans, o como hombre trans o mujer trans. La existencia de diversidad sexual y de género es una realidad. A su vez, las identificaciones son individuales y hay quienes quieren desprenderse de esas categorías. Creo que si lo pensamos en un plano más global políticamente, no es buena idea hacer como si lo trans fuera un trámite que se vive para llegar a una identidad de destino que sería la adecuada. Creo que es problemático porque actualmente observamos que la gente trans ha ganado una enorme aceptación social, pero a costa de una mayor invisibilidad. La gente trans que ha ganado visibilidad social es la que menos parece trans. No hay que ser un genio para ver que no es que la transexualidad tenga más aceptación, si no que la normalización de la gente trans encaja mejor en el modelo.

Descubrir que uno puede no operarse es para muchos de nosotros algo muy revelador.

Por eso me parece muy importante no confundirnos. Yo me alegro de que muchos pasen desapercibidos como personas trans, si es lo que desean. Ahora, para un mundo más rico en cuanto a identidades de género, jugar todas las cartas a que todo el mundo sea invisible no es buena idea. Porque siempre va a haber gente que no podrá ser invisible. Es importante que generemos referentes y relatos que abran espacio para quienes están iniciando ese recorrido, no solo mimetizando en el modelo dominante. Descubrir que uno puede no operarse es para muchos de nosotros algo muy revelador. Y es gracias al trabajo de muchos/as activistas trans que visibilizaron sus cuerpos sin ser modificados y mostraron que podemos vivir con nuestro cuerpo. Luego que cada uno elija, pero conociendo el margen de elección real. Cuantos más referentes tengamos, mayor será la libertad.

¿Qué opinas de la mercantilización capitalista que hace de los movimientos de liberación sexual, un objeto de consumo?

No me sorprende. Ya tardaban en darse cuenta de que la comunidad LGTB también puede ser un nicho de mercado. Como siempre, un mercado para quienes tengan la capacidad de pagarlo. Se trata de vender y ganar, con todo el cinismo que ello implica. Como la industria de la reproducción asistida o la gestación subrogada, responden al modelo capitalista. Todos podemos ser un producto de mercado, menos los pobres. Hay que tensar esto, no porque formemos parte del movimiento LGTB, si no porque es un modelo que genera desigualdades.

Hablando de diversidad sexual y género; Freud descubrió allá por el año 1905 en Tres ensayos de teoría sexual, que durante el desarrollo infantil, la bisexualidad es lo más normal del mundo. Descubrimiento que causó un gran revuelo en la sociedad de su época y aún es ignorado por amplios sectores. Inclusive durante la etapa adulta, la erotización del cuerpo y las identificaciones, más o menos inconscientes, fluctúan entre lo masculino, lo femenino, la ambigüedad, el letargo o la actividad.

La infancia se revela como un lugar donde las personas son. Aunque en el debate de la expresión de género cada vez están más impregnados de un relato muy “adultista”. Sin estar necesariamente explicándose lo que son, están comportándose. Sin hacer una reivindicación de lo que son, simplemente están siendo. Lamentablemente el paso a la adolescencia es un momento de gran castración de los deseos sexuales. Hay que tener presente que tener una orientación fija y certera del deseo durante toda la vida es algo muy raro. ¿Cómo una persona de 12 años lo va a saber? Olvidamos que la orientación de género, como la identidad sexual, se experimentan en la vida.

¿Qué opinas del tratamiento que se está haciendo de los menores trans. Se respeta en ellos la diversidad sexual y de género?

Es un tema muy delicado. Hay familias muy preocupadas en que sus hijos no sufran. Los relatos mayoritarios que se ofrecen a estas familias están a menudo instaurados en discursos muy esencialistas. Como si existiera una respuesta sobre lo que realmente está pasando, es o no es un niño o una niña, como si se pudiera saber. Es algo muy difícil de saber en cualquier individuo y no quiero ser relativista; son aprendizajes, decisiones. Cosas que se van configurando a lo largo de la infancia y la adolescencia, principalmente. Sobre lo que no se puede tener certeza. La mayoría de los discursos en nuestro contexto, que se desarrollan para acompañar a las familias, tratan de lanzar un mensaje tranquilizador enfocado en es/no es, muy colocado en la lógica de la anticipación. Estaría bien si pudiéramos pensar que quizás parte del acompañamiento pasa por asumir la incertidumbre. Y la incertidumbre a veces es dolorosa, da miedo, da inseguridad. Pero si pudiéramos hacernos cargo de que dudar sobre eso no es malo, ni es enfermizo, nos daría menos miedo.

La gente que tiene hijos/as tiene que saber que puede ser que sus hijos/as tengan alguna vez expresiones de género que no son las esperadas. Porque están explorando el mundo, porque están buscando quienes son. Porque están inspirados por lo que les rodea y eso no necesariamente se concluye en una ruptura con su identidad asignada. La identidad que a uno le asignan cuando nace es tan real o ficticia como la que uno elige luego. Son identidades que en sí mismas son categorías construidas. En la cuestión de la infancia trans, creo que faltan muchos más relatos de cómo lo hacen las familias que tienen esas experiencias con sus hijos/as y no acuden directamente a una transición de género. ¿Cómo lo hace la gente que intenta dar espacio a la incertidumbre? Esos relatos también son muy importantes, creo que inspirarían muchas cosas. No digo que a un niño que dice que se siente niña no hay que escucharle. Digo que hay que escucharle atendiendo a su momento vital. Atendiendo a lo que puede sostener o no, a lo que hay detrás. A lo que puede estar queriendo decir una persona de 4 años con “soy una niña” y no trasladar directamente el relato adulto de la transexualidad a un pequeño/a. Porque no es lo mismo que lo diga una persona de 25 años a que lo diga alguien de 4.

¿Cómo defender la diversidad sexual y de género?

Muchas veces digo que una buena política trans, ya no sé si sería tan solo visibilizar a la gente trans. O visibilizar a hombres femeninos y mujeres masculinas. Para mí el objetivo no es que cuando la gente transite tenga un lugar en el mundo. Si no que me pregunto ¿por qué la gente transita? La gente transita porque está muy incómoda y esa incomodidad originaria es lo que a mí me interesa políticamente. La transición es una forma de confrontar esa incomodidad pero no es la única. Y no lo digo porque la transexualidad me parezca mal, es la mejor idea que hemos tenido hasta ahora. Pero creo que podemos tener mejores. Hoy en día está muy polarizado entre si uno es trans o no lo es. Creo que en medio hay mucha gente que sufre, porque no está cómoda con una cosa ni con la otra. Creo que ahí hay que abonar el terreno.

Para conocer más sobre diversidad sexual y de género, leer las publicaciones de Miguel Missé o estar al tanto de sus actividades, visita su página oficial.

Por: Mariana Leibner Alvarez

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